“Se ha de insistir mucho en la formación a la santidad de los seminaristas, para que sean hombres en íntima comunión con Dios, penetrados de su Palabra, poseedores en alto grado de las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad” (Emmo. Sr. Cardenal Juan Sandoval Iñiguez).

La Iglesia diocesana de Guadalajara celebra, este año, el domingo 2 de marzo, el Día del Seminario, la institución creada por la Iglesia para acoger a quienes se sienten llamados por Cristo para seguirle por el camino del sacerdocio ministerial, para formar a los futuros sacerdotes, en el amor a Dios y el prójimo, en virtud, ciencia y santidad.

A nombre de los sacerdotes formadores del Seminario y de los alumnos del Seminario quiero agradecer su oración, que nos obtiene abundantes vocaciones sacerdotales. Sí, hay personas muy generosas que no cesan de pedir a Dios que deposite en el corazón de muchos jóvenes el deseo de consagrarse al Señor por el camino del sacerdocio. “Donde hay oración no faltan las vocaciones sacerdotales” escribía san Pío de Pietrelcina, sentencia que quiero glosar con un ejemplo: en un lejano país asiático, Myanmar, hay una pequeña pero muy fervorosa comunidad católica, de apenas 180,000 bautizados. Hace 20 años, advirtiendo que tenían pocos sacerdotes, inician una campaña de oración por las vocaciones sacerdotales, misma que no han interrumpido. Por el gran amor de Dios y la confiada oración de los fieles católicos de tener 20 seminaristas, hoy tienen 386. La comunidad católica cuanta con jóvenes sanos, alegres, entusiastas, enamorados de Cristo, comprometidos en formarse santamente y deseosos de ser ejemplares sacerdotes en el servicio a todos, particularmente con el anuncio del Evangelio.

“La confianza del que se dirige humildemente a Cristo se ve coronada con generosas vocaciones sacerdotales”, decía el siervo de Dios Juan Pablo II a un grupo de fieles españoles, en 1982. Hoy quiero agradecer de antemano las oraciones que, de manera intensa, elevan por su Seminario. Estoy convencido de que Dios siempre escucha nuestra oración, y por su gran bondad va cumpliendo, en todo lugar y época, su promesa “les daré pastores según mi corazón” (Jer 3,15).

Quiero citar a un amigo del Seminario de Guadalajara, el Cardenal de Sevilla (España): “la vocación sacerdotal es gozo para quien la recibe, pero también fuego que quema, y que solamente puede sufrirse encendiendo cada día, en el corazón de los hombres a los que el sacerdote ha sido enviado, el deseo de servir a Dios”.

La Virgen María, su esposo San José y los santos mártires mexicanos continúen intercediendo por todos nosotros, para alcanzar del Altísimo, la gracia de la conversión y de la santidad.

Con fraternal aprecio.

+ Miguel Romano Gómez
Obispo auxiliar de Guadalajara
Rector del Seminario Diocesano.

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