Llamó a los que Él quiso

“Jesús, llamó a los doce, y de entre aquellos doce llamó a los que él quiso, para que estuvieran con él y enviarlos a predicar, otorgándoles el poder de expulsar espíritus inmundos y curar toda clase de enfermedades y dolencias” (Mc 3, 13-15). Es admirable constatar, el cómo estas palabras tienen vigencia hoy en día, incluso a casi dos mil años de haberse transmitido.

Aun así, no deja todavía aún más de sorprenderme, el cómo, a muchos de mis compañeros, hermanos en el ministerio sacerdotal, en condiciones tal vez nada favorables según  nuestra visión tan limitada, experimentaron ese llamado, y al cual, responden hoy en día de una manera generosa y alegre; mi sorpresa en nada es malsana, al contrario, es de admiración del saber el cómo un corazón que se deja tocar por Dios, es capaz de hacer obras grandes por él, para el bien de sus hermanos y para guiarlos por “el camino, la verdad y la vida” (Cfr. Jn 14,6ª), que es Cristo mismo.

Un llamado al que respondí, durante doce años, y que gracias a la paciencia  y el acompañamiento de mis superiores (formadores), su ejemplo de entrega sacerdotal, sus enseñanzas y su testimonio, me impulsaron continuamente a dar ese Sí, el cual  por un primer paso el día de mi ordenación diaconal el 14 de junio de 2015, y meses después en la ordenación presbiteral el 24 de diciembre de ese mismo año fue consolidado.

Desde esta última fecha hasta el día de hoy presto mi servicio en la Parroquia de San Gaspar, en la Colonia San Gaspar De las Flores, municipio de Tonalá, Jalisco; y que, gracias al contacto con esta comunidad, muy populosa, me ha otorgado la oportunidad de continuar ese proceso que me permite profundizar en mi quehacer, para que camine conforme al plan de Dios; ha sido una oportunidad para compartir lo misericordioso que ha sido el Señor conmigo (Cfr. Mc 5,19b), y en donde también como lo dice el apóstol, no olvide que “llevamos un tesoro en vasijas de barro, para que se dé a conocer que esta obra no es nuestra sino de Dios” (2da Cor 4,7), “puesto que por pura gracia de Dios soy lo que soy” (1ra Cor 15,10a).

Ante todo, para todos aquellos que también experimentan ese llamado especial, les invito, y a mí mismo su vez, a que con gran sinceridad y rectitud de intención respondamos a través de los medios pertinentes. Para quienes ya lo hacen en el seminario, a través del discernimiento, “consolidar así vuestra vocación y elección” (Cfr. 2Pe 1, 10-11), si en verdad logran percibir que ése es el camino a seguir; que ante la dificultad siempre acudan al consejo y la experiencia de sus formadores. y al pueblo de Dios en general, no dejar de elevar su plegaria al “dueño de la mies” (Cfr. Mt 10,37-38), para que suscite el llamado a más jóvenes; y a disponerse a través del testimonio de la fe a promover la inquietud en más de alguno, detectar indicios, y ser el medio eficaz; de manera especial este próximo domingo 4 de marzo, en el que celebraremos en todas las parroquias de nuestra diócesis el día de nuestro seminario, porque el promover las vocaciones a la vida sacerdotal y consagrada es misión de todos los bautizados (Cfr. Optatam Totius n.2).

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