Lecturas del 07 de Febrero de 2020

07 Viernes
Verde

Feria o
Misa por el Obispo
MR p. 1046 [1091] / Lecc. I p. 577

PRIMERA LECTURA
[David amaba con toda el alma a su creador y le entonaba canciones de alabanza.]

Del libro del Eclesiástico (Sirácide) 47, 2-13
Como se aparta la grasa para los sacrificios, así fue escogido David entre los hijos de Israel. Él jugaba con leones, como si fueran cabritos, y con osos, como si fueran corderos. Joven aún, mató al gigante y lavó la deshonra de su pueblo: hizo girar su honda y de una pedrada derribó la soberbia de Goliat. Porque invocó al Dios altísimo, Él le dio fuerza a su brazo para aniquilar a aquel poderoso guerrero y restaurar el honor de su pueblo. Por eso celebraban con canciones su victoria sobre diez mil enemigos, y lo bendecían en nombre del Señor. Ya cuando era rey, peleó con todos su enemigos y los derrotó. Aniquiló a los filisteos y quebrantó su poder para siempre. Por todos sus éxitos daba gracias al Dios altísimo y lo glorificaba. Amaba con toda el alma a su creador y le entonaba canciones de alabanza.  Instituyó salmistas para el servicio del altar, que con sus voces hicieron  armoniosos los cantos. Celebró con esplendor las fiestas y organizó el ciclo de las solemnidades. El santuario resonaba desde el alba con alabanzas al nombre del Señor. El Señor le perdonó sus pecados y consolidó su poder para siempre. Le prometió una dinastía perpetua y le dio un trono glorioso en Israel. Por sus méritos le sucedió un hijo sabio, que vivió en paz.  Salomón fue rey en tiempos tranquilos, porque Dios pacificó sus fronteras;  le construyó un templo al Señor y le dedicó un santuario eterno. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 23, 7. 8. 9. 10
R. Bendito sea Dios, mi salvador.

Perfecto es el camino del Señor y firmes sus promesas. Quien al Señor se acoge, en Él halla defensa. R.

Bendito seas, Señor, que me proteges; que tú, mi salvador seas bendecido. Te alabaré, Señor, ante los pueblos y elevaré mi voz, agradecido. R.

Tú concediste al rey grandes victorias y con David, tu ungido, y con su estirpe siempre has mostrado, Señor, misericordia. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Lc 8, 15
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto.

R. Aleluya.

EVANGELIO
[Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado.]

Del santo Evangelio según san Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto, llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista había resucitado y  sus poderes actuaban en Jesús. Otros decían que era Elías; y otros, que era un profeta, comparable a los antiguos.
Pero Herodes insistía: “Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha  resucitado”. Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y  encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de  su hermano Filipo, y Juan le decía: “No te está permitido tener por mujer a  la esposa de tu hermano”. Por eso Herodes lo mandó encarcelar. Herodías  sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida; pero no  sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era  un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar,  quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo. La ocasión llegó  cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente  principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías  bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus  invitados. El rey le dijo entonces a la joven: “Pídeme lo que quieras y yo te  lo daré”. Y le juró varias veces: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la  mitad de mi reino”. Ella fue a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?”. Su  madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Volvió ella  inmediatamente junto al rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo, en  una charola, la cabeza de Juan el Bautista”. El rey se puso muy triste, pero  debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y  enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo  fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a  la joven y ella se la entregó a su madre. Al enterarse de esto, los discípulos  de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron. Palabra del Señor.

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