San David Galván Bermúdez

Nació el 29 de enero de 1881. Hijo de Trinidad  Galván y de Mariana Bermúdez. Fue bautizado el 2 de febrero de 1881 en el Templo de Nuestra Señora del Pilar, Vicaría del Sagrario Metropolitano.

Su padre trabajó primero de zapatero y luego de obrero, hombre honorabilísimo y de muy buenas costumbres, formal en todos sus quehaceres. Su mamá murió cuando David tenía tres años. Más tarde su padre volvió a contraer matrimonio y David quedó al cuidado de su padre, sus hermanos y de su madrastra Victoriana Medina.

Desde pequeño fue muy piadoso. Comenzó la formación escolar en la Escuela Católica del Prof. D. José María Martínez. Después pasó a la Escuela del Prof. D. Juan Cervantes, anexa al Seminario. En 1895 ingresó al Seminario de Guadalajara y cursó la preparatoria con buen aprovechamiento, ocupando casi siempre el primer lugar en clases. Presentó brillantes exámenes.

Cursada la preparatoria, salió del Seminario y estuvo casi tres años fuera; se dedicó a trabajar en un taller de zapatería, y también como maestro de escuela. Durante el tiempo que estuvo fuera del seminario su conducta era algo disipada y con extravíos.

A los veintiún años de edad sintió de nuevo el deseo intenso de volver al seminario. Volvió, y después de un año de duras pruebas para aquilatar su vocación sacerdotal, las que superó admirablemente, recibió la primera tonsura 17 de noviembre de 1903.El 20 de mayo de 1909 fue ordenado sacerdote.

Fue nombrado maestro del Seminario Diocesano desde antes de ser ordenado presbítero. En el curso escolar 1908-1909 estuvo al frente de la cátedra de 2o. de Latinidad en el Semi­nario Menor. Desde el 9 de noviembre de 1909 sustentó la cátedra de Lógica en el Seminario Mayor.

En el curso de 1911-1912 fue catedrático de Derecho Natural y Sociología. Fue fundador y director de la revista del Seminario Voz de aliento, desde diciembre de 1910 al año 1912. En esos mismos años, de 1909-1914, fue capellán del Hospital de San José y del Orfanatorio de La Luz enGuadalajara.

En el año 1914 estuvo en Amatitán, Jal., como ministro, capellán vicario y encargado de la iglesia. Estando allí y con motivo de la persecución contra la Iglesia que se desató durante la revolución carrancista, fue aprehendido por una tropa al mando de un teniente coronel quien había sido su compañero de escuela. Fue llevado preso a Ameca por el delito de ser sacerdote y después fue conducido a Guadalajara, a la cárcel de Escobedo, pero a los pocos días fue puesto en libertad.

Su alimentación y su forma de vestir eran sumamente sencillas;,socorría a los pobres, instruía a los ignorantes, procuraba medicina a los enfermos, generoso con los necesitados. Proveía de zapatos a las niñas del orfanatorio de La Luz para que pudieran comulgar, ya que las religiosas no les permitían comulgar descalzas. Les llevaba nieve, y si veía a alguna falta de ropa, socorría a la madre superiora para que la vistiera. Sostenía a una huérfana en un internado y a una pobre enferma tuberculosa le daba todo lo necesario. Trabajó en la formación de un sindicato de zapateros para auxiliarlos en su ignorancia y pobreza. Los trataba como a hermanos y compañeros.

Prudente como profesor, estimado por alumnos y superiores, caritativo con los pecadores, obediente con sus superiores, cumplido en sus obligaciones, muy mortificado y evitaba ocasiones de pecado, mostró fortaleza en los sufrimientos y serenidad en las tribulaciones.

Al verificarse los encuentros sangrientos entre villistas y carrancistas, de diciembre de 1914 a enero de 1915, estuvo ejerciendo su servicio sacerdotal ayudando y auxiliando espiritualmente a los heridos de ambos bandos combatientes. La mañana del 30 de enero de 1915 tuvo lugar un sangriento encuentro, frente a Palacio, la Catedral y calles aledañas quedaron, heridos y muertos, soldados de ambos bandos. El P. Galván, al darse cuenta de la situación, quiso ir inmediatamente a auxiliar a los caídos en el combate. Tomó su bicicleta y fue a la casa del P. Rafael Zepeda Monráz para que lo acompañara en esa misión. Como éste no pudiera, el P. Galván fue a buscar al P. José Ma. Araiza y lo invitó a ir a confesar a los heridos. El P. Araiza temeroso de ejercer el ministerio en la calle, por las prohibiciones que el Gobierno tenía, preguntó si tenía alguna autorización y el P. Galván le dijo que un militar se la había concedido.

Salieron ambos sacerdotes con dirección al Jardín Botánico. Al ir a auxiliar espiritualmente a los soldados agonizantes, un grupo de militares los aprehendieron y fueron conducidos al cuartel del Teniente Coronel. Este militar, guardaba rencor al P. David porque le había impedido seducir y raptar a una señorita, por lo que ordenó se le fusilara.

En esta determinación había dos móviles: el odio al sacerdote, característica de esta revolución y, el deseo de venganza del Teniente porque había sido contrariado en sus malos deseos.

Los dos sacerdotes fueron encerrados en el cuartel y duraron ahí hasta las doce del día. Tanto el P. Galván como el P. Araiza al saber que iban a fusilarlos se confesaron mutuamente y se administraron el sacramento de la unción. Haciéndole notar el P. Araiza que tenía hambre, le contestó el P. Galván: No importa que no hayamos desayunado, hoy vamos a comer con Dios”.

Una escolta los condujo a espaldas del Hospital de Belén (Hospital Civil). El P. Galván repartió lo poco que llevaba consigo y con gran fortaleza se colocó frente a la tropa de fusilamiento y señalándose el pecho dijo: “Peguen aquí”. El Subteniente Martín ordenó fuego y el Teniente le dio el tiro de gracia.

Durante el tiempo que duraron en prisión, familiares y amigos de los dos sacerdotes realiza­ron gestiones para lograr liberarlos. Pero cuando llevaron el indulto el P. David ya había sido fusilado, sólo pudo aprovechar para el P. Araiza.

Tenía el cadáver un balazo en la frente, otro en el cuello y como era bala expansiva, casi le desprendió la cabeza; un último balazo en el pecho.

Algunos vecinos que de lejos pudieron contemplar aquel doloroso acontecimiento acudieron de inmediato al lugar donde yacía el sacerdote sacrificado, y considerándolo mártir de Cristo empaparon algodones con su sangre para conservarlos como recuerdo. Fue sepultado el 31 de enero de 1915 en Guadalajara.

Esta veneración, que se inició en el momento mismo de su muerte se extendió rápidamente por toda la ciudad y permanece muy viva. Actualmente, los restos del P. David Galván Bermúdez descansan en el crucero izquierdo del templo parroquial de Nuestra Señora del Rosario.

Por SemiReport

Fuente: www.santuariodelosmartiresdecristo.org

 

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