Admisión al estado eclesiástico

¡Voy a ser Seminarista! Cuando le platico a la gente que recibiré admisión como candidato a las órdenes sagradas y seré aceptado como seminarista diocesano surge inmediatamente una pregunta: ¿Pues, no eras ya seminarista? Y ciertamente la respuesta es un firme y decidido sí. Pero entonces, ¿Por qué de pronto decir que hasta ahora me darán la Admisión? La respuesta es simple, pero implica grandes cosas. Al momento de ser admitido como candidato a las órdenes sagradas mis formadores han tenido a bien presentarme no solamente ante la diócesis, sino ante toda la Iglesia como un candidato que aspira a recibir un día la gracia de la Ordenación sacerdotal. ¿Por qué implica grandes cosas? ¿No había aceptado ya el compromiso? ¡Claro que sí! Pero este paso es para manifestar públicamente el sí que he buscado decirle a Dios de manera personal todos los días. Al hacer esto les estoy diciendo a todos que realmente me quiero comprometer con seriedad a mi formación para llegar, si Dios quiere, a algún día ser sacerdote. Y este compromiso no es sólo por mí, es porque el Pueblo de Dios merece que sus futuros pastores sean verdaderamente el rostro de Cristo, pastores que vayan junto con aquellos que Nuestro Señor les encomendó para juntos llegar a la meta, pastores que se atrevan a dar la cara por ellos, y que los hagan sentir verdaderamente la presencia viva de Jesús que sigue hablando en nuestros días. El compromiso es por Cristo y para Cristo,  el compromiso es con la Iglesia, y al ser con la Iglesia me comprometo con cada persona que forma parte de ella. entregando mi vida cada día con ese sí que di la primera vez y que se hace mayor con cada nuevo paso que doy en este caminar.  

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