Lectura del Domingo 17 de Marzo del 2019

17 domingo
Morado

II DOMINGO DE CUARESMA
[Se suprime la Memoria de SAN PATRICIO, Obispo]
MR p. 208 [220] / Lecc. I p. 294. LH Semana II del Salterio.

PRIMERA LECTURA
[Dios hace una alianza con Abraham.]

Del libro del Génesis 15, 5-12. 17-18

En aquellos días, Dios sacó a Abraham de su casa y le dijo: “Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes”. Luego añadió: “Así será tu descendencia”. Abraham creyó lo que el Señor le decía y, por esa fe, el Señor lo tuvo por justo. Entonces le dijo: “Yo soy el Señor, el que te sacó de Ur, ciudad de los caldeos, para entregarte en posesión
esta tierra”. Abraham replicó: “Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?”. Dios le dijo: “Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos de tres años; una tórtola y un pichón”. Tomó Abraham aquellos animales, los partió por la mitad y puso las mitades una enfrente de la otra, pero no partió las aves. Pronto comenzaron los buitres a descender
sobre los cadáveres y Abraham los ahuyentaba. Estando ya para ponerse el sol, Abraham cayó en un profundo letargo, y un terror intenso y misterioso se apoderó de él. Cuando se puso el sol, hubo densa oscuridad y sucedió que un brasero humeante y una antorcha encendida, pasaron por entre aquellos animales partidos. De esta manera hizo el Señor, aquel día, una alianza con Abraham, diciendo: “A tus descendientes doy esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río Éufrates”. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 26, 1. 7-8. 9abc. 13-14
R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar? R.

Oye, Señor, mi voz y mis clamores y tenme compasión; el corazón me dice que te busque y buscándote estoy. R.

No rechaces con cólera a tu siervo, Tú eres mi único auxilio; no me abandones ni me dejes solo, Dios y salvador mío. R.

La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía. R.

SEGUNDA LECTURA
[Cristo transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso, semejante al suyo.]

De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses 3, 17–4, 1

Hermanos: [Sean todos ustedes imitadores míos y observen la conducta de aquellos que siguen el ejemplo que les he dado a ustedes. Porque, como muchas veces se lo he dicho a ustedes, y ahora se lo repito llorando, hay muchos que viven como enemigos de la cruz de Cristo. Esos tales acabarán en la perdición, porque su dios es el vientre, se enorgullecen de lo que deberían avergonzarse y sólo piensan en cosas de la tierra.] Nosotros, [en cambio,] somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos que venga nuestro salvador, Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su dominio todas las cosas. Hermanos míos, a quienes tanto quiero y extraño: ustedes, hermanos míos amadísimos, que son mi
alegría y mi corona, manténganse fieles al Señor. Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. Mc 9, 7
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía: “Éste es mi Hijo amado: escúchenlo”.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

EVANGELIO
[Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto.]

Del santo Evangelio según san Lucas 9, 28b-36
En aquel tiempo, Jesús se hizo acompañar de Pedro, Santiago y Juan, y subió a un monte para hacer oración. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas y relampagueantes. De pronto aparecieron conversando con él dos personajes, rodeados de esplendor: eran Moisés y Elías. Y hablaban de la muerte que le esperaba en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban rendidos de sueño; pero, despertándose,
vieron la gloria de Jesús y de los que estaban con Él. Cuando éstos se retiraban, Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, sería bueno que nos quedáramos aquí y que hiciéramos tres chozas: una para ti, una para Moisés y otra para Elías”, sin saber lo que decía. No había terminado de hablar, cuando se formó una nube que los cubrió; y ellos, al verse envueltos por la nube, se llenaron de miedo. De la nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo”. Cuando cesó la voz, se quedó Jesús solo. Los discípulos guardaron silencio y por entonces no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.
Palabra del Señor.

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