Confié en su llamado real

En muchas ocasiones he compartido mi “historia vocacional” y hoy con gusto lo vuelvo hacer. Soy originario de Guadalajara y es en mi familia donde comenzó todo, ya que desde pequeño me fue inculcado el amor a Dios y a la Virgen María. Reconozco que en un primer momento no fueron mis padres quienes me acercaron a Dios, sino mis tías, que estoy seguro, ya gozan de la presencia de Dios.

Dios también se valió de hacerme el llamado por medio del testimonio de un primo (Andrés Carrillo) que estaba en el Seminario, el cual hoy es sacerdote, Cura en Cuquío, Jal. Gustaba mucho, con mi familia el ir al Seminario Mayor a las convivencias y otras celebraciones, eso ya llamaba mi atención profundamente.

Era obvio que recibía propuestas para hacerme monaguillo, pero por algo yo me negaba a participar. En mi comunidad, el sacerdote era un hombre ejemplar y poco a poco me fue invitando con mi hermano a participar, al cabo de tanto aceptamos y nos hicimos monaguillos.

Finalmente en la etapa de secundaria se me hacía la invitación a vivir un preseminario, pero yo no quería porque pensaba que era tiempo mal aprovechado porque me perdería de fiestas, salir con amigos y por qué no, hasta tener novia. En fin, siempre me negaba a dar ese paso, pero muy dentro de mí, me sentía atraído por un “no sé qué” a la vida sacerdotal.

Conocí más de cerca la vida sacerdotal cuando trabajé como sacristán los fines de semana con el Padre Eduardo Salcedo en una parroquia de la ciudad, me sorprendía como el sacerdote influía en la vida de las personas, desde que nacen (en un bautizo) hasta cuando se casan y mueren, entre otras.

Sin embargo, al pasar de los años yo fui callando esa llamada, hasta que en un retiro espiritual, no resistí más la voz del Señor y decidí atender su llamada. Ya para esto, yo terminaba la prepa, trabajaba formalmente, ya había tenido novia y estaba por hacer trámites a la universidad.

Consultando a sacerdotes y sobre todo, visitando al Santísimo Sacramento, en el Sagrario de mi parroquia, tomé la decisión de vivir un preseminario, así que tuve que dejar el trabajo y mis planes de la universidad. Casi fue de un momento a otro. Incluso hubo cierta conmoción en mi familia, aunque ya lo veía venir.

Ya en el preseminario, confíe en el Señor, en el llamado que me hacía porque era real y me dispuse a vivir esa experiencia que aún sigue viva en mi corazón. Parece que ya no reanudé mis planes de “afuera” porque ya llevo tres años en el seminario, actualmente estoy cursando el primer año de la facultad de Filosofía y puedo decir sinceramente que soy un joven feliz, aun cuando he pasado por momentos difíciles en mi familia, como la muerte de mi abuelita materna.

Y bueno, esta historia todavía no llega a su fin, así que si tú sientes el llamado que Dios te hace, no lo resistas más y adéntrate en esta gran aventura, ¡confía, el llamado es real!

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