No olvidemos que la familia es escuela donde se aprende a perdonar y pedir perdón. Educando el corazón, según Cristo, se educa en orden al perdón. Hay que forjar en cada miembro de la familia a una persona generosa, sensible y atenta a los demás. Al mismo tiempo, evitará la arrogancia, la prepotencia y el orgullo desmedido. Saber que fallamos, pero que el perdón es sincero, puede convertir la falta en una lección para la vida.
1.- Es particularmente importante el enseñar a los hijos a pedir perdón; el saberse poner en la piel de los demás, para comprender, entender y perdonar sinceramente, es básico en el proyecto educativo familiar.
2.- Con la práctica de perdón, hay que ofrecer la oportunidad de reparar el daño cometido. De esto, en gran parte, depende el ver que todo acto tiene consecuencias, facilitando así el que se responsabilice de los actos hechos. Es probable que un acto no reparado, se vuelva a repetir.
3.- Las disculpas son mayormente útiles si la conducta errónea cambia sensiblemente. Es cierto que no se puede lograr un cambio inmediato o a muy corto plazo. Un cambio constante, aunque lento, ha de ser reconocido. Todo estímulo positivo mueve a actuar con mayor decisión y definición. El pedir perdón y mejorar el comportamiento ayuda mucho a evitar o diluir el rencor, el resentimiento.
4.- De gran valor es el ejemplo de los padres. Difícil perdonar cuando no hay ejemplo del perdón de los padres. En buena parte, según sea la conducta de los padres será la conducta de los hijos. En algunas ocasiones, el no saber o querer pedir perdón es mal ejemplo de los padres; en muchas ocasiones, el perdonar y pedir perdón es el fruto de la evangélica experiencia del perdón y de la misericordia.
5.- en resumen, es importante enseñar al hijo a pedir perdón. Ha aquí algunos consejos:
a) Los padres deben explicarle al hijo con claridad lo que ha hecho mal, y por qué está mal.
b) Los padres han de ayudar al hijo a comprender el mal causado; hay que preguntarle cómo se sentiría él si le hiciesen lo mismo.
c) Los padres han de enseñar al hijo a pedir disculpas: una palabra sincera, un abrazo, un dar la mano.
d) Los padres han de animar al hijo a pedir perdón, no haciéndole sentir que es una humillación, sino que es de muy alta dignidad hacerlo.
e) Los padres han de elogiar al hijo que ha pedido perdón, enfatizando en lo bien que se siente uno después.
“El enseñar a perdonar es la hermosa tarea que Dios confía a los padres cristianos, siempre interesados en la sana educación de sus hijos” (Benedicto XVI).
Encomendemos a María, Madre de gracia y misericordia, la unidad y la armonía de todas las familias.
+Miguel Romano Gómez
Obispo Auxiliar de Guadalajara |